viernes, 10 de julio de 2015

Capítulo XXXVII. Parque Cretácico. Cuarta parte.



Capítulo XXXVII

Parque Cretácico. Cuarta parte.

Sobreviviendo entre dinosaurios.


  Bienvenido sea el lector a esta última parte del ciclo que he dedicado al periodo Cretácico, el último de los tres que componen la así llamada "era de los dinosaurios", y que se prolongó entre hace 145 y hace 65 millones de años antes de nuestra fecha. Sin embargo hoy no vamos a tratar de aquellos "lagartos terribles", de los que ya se ha hablado largo y tendido a lo largo de los anteriores capítulos, sino de aquellas otras criaturas que sobrevivieron e incluso prosperaron entre ellos. El viaje de hoy nos conducirá a través de un sorprendente bestiario que voló, nadó, reptó y correteó por nuestro ancestral planeta mientras los dinosaurios campaban por ahí a sus anchas.

  Los dinosaurios pertenecen a un amplio linaje de reptiles a los que se conoce como diápsidos. Dentro de esta gran familia, que engloba a todos los reptiles que sobreviven actualmente y también a las aves, hubo muchas ramas (no solo la de los dinosaurios) que alcanzaron su máximo auge en el periodo Cretácico.

 Para quitarnos de los calores del verano* empecemos nuestro viaje de hoy zambulléndonos  en los lagos, mares y océanos de la época. Allí despuntaron varios grupos de reptiles diápsidos que (como harían ciertos grupos de mamíferos en nuestra época) decidieron volver a sus orígenes acuáticos. Uno de los primeros en aparecer y puede que de los más exitosos fue el de los plesiosaurios

  En el Cretácico los plesiosaurios ya han dejado muy atrás su vida terrestre y se han convertido en pavorosos monstruos marinos dignos de protagonizar cualquier novela fantástica. Los hay de dos tipos, de cabeza enorme y cuello corto, y de cabeza pequeña y cuello larguísimo (véase nota 0).

 Los primeros, llamados pliosauroideos, eran los superdepredadores de los mares. Sus cráneos podían medir más de 2 metros y estaban provistos de terribles mandíbulas cuajadas de dientes. Superando en algunos casos los 10 metros de longitud, se impulsaban con sus grandes aletas al acecho de peces, de cualquier otro reptil marino o incluso de dinosaurios que se atreviesen a nadar imprudentemente a través de sus dominios. 

Un Kronosaurus apresa entre sus fauces a otro reptil marino más pequeño (parece un mosasaurio). Con un cráneo de casi 3 metros de longitud y una talla total de unos 10 metros, este monstruo podría haber devorado a un buceador moderno de un solo bocado.


  Los segundos, los plesiosauroideos (mejor no pruebe el lector a pronunciarlo en voz alta), no eran tan grandes pero sí mucho más especializados. Sus cuellos eran largos, algunos muy largos, terminados en pequeñas cabezas estilizadas y dotadas de numerosos  y puntiagudos dientes que funcionaban como arpones, asegurándose de que las presas atrapadas, en general peces, nunca pudieran llegar a escapar. Los plesiosauroideos más avanzados durante el Cretácico fueron los elasmosáuridos, cuyos cuellos se salían de toda medida, llegando a tener hasta 71 vértebras cervicales. Estos animales funcionaban como una mezcla entre caña de pescar y arpón viviente, avanzando con sus poderosas aletas y barriendo todo el agua a su alrededor gracias a su espectacular "gadgeto cuello" **. Elasmosaurus fue el género más grande y que dio nombre a la familia.



Pareja de Elasmosaurus. Medían hasta 14 metros de longitud, y pesaban unas 2 toneladas. En sus cavidades estomacales se han descubierto restos de peces considerados rápidos, lo cual demuestra que sus desproporcionados cuellos eran un arma eficaz.





Tipo calvo mirando embelesado a un esqueleto de Elasmosaurus.
Fuente: https://www.flickr.com/photos/springtreeroad/4720375243/



  De todos los ordenes de reptiles adaptados a la vida acuática, el que llegó a la especialización más extrema de todos fue el de los ictiosaurios. Su nombre significa "lagartos-pez" y en efecto parecían peces. Habían forzado su adaptación acuática hasta el límite. Demasiado hasta el límite.

 


Platypterygius, el último género superviviente del orden de los ictiosaurios en el Cretácico. Hacia mediados del periodo se extinguió, terminando con él todo su linaje. Sus restos fósiles resultaron ser muy sorprendentes, puesto que en su estómago se encontraron restos de tortugas y de aves, indicando que este animal optaba por una alimentación oportunista, devorando cualquier cosa que encontrara, aparte de los peces y cefalópodos que consistía la dieta habitual de sus desaparecidos parientes. Todo indica que justo al final los ictiosaurios trataron de diversificarse, demasiado tarde.

 Los ictiosaurios demostraron estar más especializados de lo que les convenía. En cuanto los ecosistemas marinos en los cuales vivían sufrieron un par de vaivenes, no pudieron re-adaptarse a tiempo (eran demasiado buenos en lo que hacían como para cambiarse a otro registro) y se extinguieron, dejando paso a otro grupo de reptiles marinos que ocupó su mismo nicho ecológico pero de modo un poco menos extremo y algo más adaptable. Durante la segunda mitad del Cretácico los sustitutos de los desaparecidos ictiosaurios fueron los mosasauriosSegún Wikipedia: "Parece que los ictiosaurios se volvieron víctimas de su propia sobreespecialización, y eran incapaces de mantener el ritmo de la natación rápida y la alta evasividad de los nuevos peces teleósteos [la mayoría de los peces modernos] que se estaban volviendo dominantes en este momento, y contra las estrategias de la emboscada de yacer y esperar de los mosasaurios, que demostraron ser superiores."

  Los mosasaurios comenzaron su andadura con un aspecto similar a los varanos modernos, con quienes están ciertamente emparentados. Sin embargo en algún punto pasaron de su andar sinuoso por la tierra a un nadar igualmente sinuoso por el agua. Hoy en día aún existen este tipo de animales, como el Varano del Nilo.

Varano del Nilo, el más grande de África y de hábitos acuáticos. Puede sumergirse hasta 20 metros y los machos alcanzan casi 2 metros de longitud. 


  Sin embargo en el Cretácico estos reptiles llegaron mucho más lejos en su adaptación acuática, desarrollando aletas y unas terribles fauces repletas de dientes con las que sembrar el terror entre sus víctimas, que principalmente consistieron en tortugas, amonites y peces. Los mosasaurios se parecían a una desconcertante mezcla entre serpiente marina y dragón. Nadaban haciendo oscilar su sinuoso cuerpo e impulsándose con su larga cola y sus aletas. No eran tan rápidos como los ictiosaurios pero eran rápidos después de todo y sus estrategias de acecho mejores y más adaptables. Y como ya hemos visto eso es lo que contaba.


Mosasaurus. Este monstruo llegó a alcanzar hasta 18 metros de longitud. Fuente
Prognathodon. Con su hocico chato y sus fuertes mandíbulas era un mosasaurio especializado y es muy posible que se alimentara exclusivamente de marisco y grandes cefalópodos con concha. Llegaba a medir hasta 10 metros. 

 Sin salirnos aún del agua visitaremos a un último monstruo acuático. Uno que en principio no debería de sorprendernos, pues ¿quién no ha visto tortugas marinas en cientos de documentales? Pero parece ser que en el Mesozoico (la así llamada era de los dinosaurios) todo se hacía a lo grande, y eso incluye a las tortugas. Archelon era una enorme tortuga marina de unos cinco metros de largo por otros cinco de ancho, pesando algo más de dos toneladas. Este gigantismo marino no debe de sorprendernos, pues probablemente se basase en una carrera armamentística entre predadores y presas muy similar a la que ocurrió en tierra con algunos dinosaurios. Si una presa opta por hacerse más grande, entonces los depredadores no tienen más remedio que seguir el mismo camino y viceversa. Si Archelon vivía rodeada de grandes y pavorosos monstruos marinos, las estrategias de supervivencia a seguir probablemente fueran o bien hacerse más rápida o bien lo suficientemente grande como para convertirse en un bocado difícil. No hace falta decir cual fue la opción ganadora en este caso.

 Señora anónima posando con un esqueleto fósil de Archelon. El pariente vivo más cercano a esta criatura es la tortuga laud, con un caparazón de aspecto liso e hidrodinámico, como lo tenía Archelon en vida. Este animal vivió en el mar continental que por aquella época partía Norteamérica por la mitad (consúltese mapa en capítulos anteriores). Fotografía de origen incierto.

 Tortuga laúd observada mientras pone huevos en una playa. La supervivencia de esta especie se ha visto gravemente amenazada por nuestra culpa; en el Océano Pacífico desaparecieron hasta el 90% de ellas debido a la degradación del medio ambiente causada por el ser humano. Por suerte hay gente, como Cristian Ramírez (el tipo de la imagen), que se dedica a estudiar y proteger a este pariente del legendario Archelon



 Por si el lector se lo pregunta, también hubo otros tipos de tortugas marinas de tamaño normal, algunas parecidas a las actuales y otras con extraños pinchos en el caparazón, pero si una se merecía aparecer en este blog, esa era Archelon

 Vayamos saliendo poco a poco del agua para continuar nuestro viaje, pero sin prisa. Nos encontramos ahora en un río de la vieja Norteamérica. Allí acecha otro monstruo, cuya presa favorita son los dinosaurios que se acercan incautamente a beber a la orilla. Hablamos de Deinosuchus, un cocodrilo de más de 10 metros de largo y hasta nueve toneladas de peso. Solo su cráneo ya medía casi dos metros, con lo cual podría haber engullido a una persona de un solo bocado. Con ese tamaño Deinosuchus no debió de ser muy rápido, así que nos lo podemos imaginar emboscado en el cieno, esperando a que alguna presa se pusiera al alcance de sus dientes. Estudios recientes muestran que este cocodrilo crecía al mismo ritmo que sus descendientes actuales (a los cuales se asemeja bastante), es decir, unos 30 centímetros anuales, salvo que a diferencia de ellos Deinosuchus seguía creciendo por mucho más tiempo hasta convertirse en algo que no hubiéramos querido encontrarnos al ir a bañarnos a un río.



Deinosuchus atacando a un tiranosaúrido. Fuente


 Más no todos los cocodrilos eran voraces asesinos por aquella época, también había gigantes pacíficos como Stomatosuchus. Nos hallamos frente a otro cocodrilo, también de 10 metros de largo, pero en esta ocasión con un estilo de vida totalmente diferente. Al parecer este reptil tenía una amplia mandíbula de generoso buche y diminutos dientes que usaba para filtrar el agua de las lagunas del viejo norte de África en busca de pequeños crustáceos y otros diminutos seres acuáticos. Digo "al parecer" porque desgraciadamente nos tenemos que creer los estudios y las 
Stomatosuchus. Fuente.

descripciones que se hicieron de sus fósiles antes de que fueran destruidos por los bombardeos aliados sobre Munich durante la Segunda Guerra Mundial. Tal vez algún día volvamos a descubrir más restos de Stomatosuchus y podamos averiguar más cosas sobre esta enigmática criatura.  


  Por el momento salimos definitivamente del agua, pero no por ello dejamos de toparnos con cocodrilos, y es que el origen del grupo lo constituyeron de hecho animales terrestres (véase nota 1), y durante el Cretácico aún quedaban bastantes de ellos caminando sobre el planeta. 

  Baurusuchus fue uno de estos cocodrilos terrestres. Era un depredador de unos cuatro metros de largo que vivió en la vieja Sudamérica. Las investigaciones realizadas hasta la fecha indican que esta criatura habitaba un clima árido al cual se había adaptado perfectamente para sobrevivir. Seguramente escavaba pozos de agua para beber y regular su temperatura corporal, y en cuanto a sus estrategias de caza es muy probable que fueran similares a la de los actuales dragones de Komodo: emboscar, morder y tirar (véase nota 2). Las patas de Baurusuchus, perpendiculares al suelo como en los dinosaurios o en los mamíferos actuales, indican que también podía correr llegado el caso.



Un grupo de Dromaeosaurus trata de robarle el almuerzo a un  Baurusuchus. Fuente: http://carnivoraforum.com/topic/9495678/1/


 Y ya por rizar el rizo, en el Cretácico nos encontramos con cocodrilos que no solo eran terrestres, sino también vegetarianos. Simosuchus habitó en la Madagascar de la época, donde parece ser que la competencia por la carne era tan dura que hacerse vegetariano no era tan mala idea, aunque fueses un cocodrilo (recordemos de capítulos anteriores que los dinosaurios carnívoros que allí habitaban recurrían frecuentemente al canibalismo; sí, así estaban las cosas en Madagascar, casi toda desierta por aquel entonces). El caso de Simosuchus no era una excepción, en cierto país de Sudamérica cuyo nombre no es necesario mencionar se encontró a Uruguaysuchus, de igual dieta y proporciones que su pariente malgache (algo más de un metro del morro a cola).



Simosuchus, cocodrilo terrestre vegetariano de la antigua y desértica Madagascar. Su pariente de Uruguay era muy similar. Fuente.



 Dejemos atrás a los cocodrilos y pasemos página. Igual que antes abandonamos el agua, abandonemos ahora la tierra para... ¡mirar hacia arriba! 

  Los cielos del Cretácico fueron surcados por toda una pléyade de extrañas criaturas aladas, tal vez las más extrañas y misteriosas de todas las que alguna vez hayan volado sobre la tierra. Son los pterosaurios. 

 Pterosauria es un orden de reptiles voladores de alas grandes y membranosas que empezó a evolucionar en paralelo con los primeros dinosaurios allá por el periodo Triásico (el primero de la era Mesozoica, véase tabla cronológica en capítulos anteriores). Este orden se diversificó de diferentes formas y protagonizó adaptaciones a variados ambientes a lo largo de la era de los dinosaurios, en general con bastante éxito. Sin embargo en el Cretácico los pterosaurios se enfrentan a un grave problema, a una insidiosa pero eficaz competencia: los pájaros. Así es, las aves empiezan a ser comunes en los cielos cretácicos, desplazando a los pterosaurios de cada vez más nichos ecológicos (un nicho ecológico es el rol determinado que un ser vivo ocupa en un ecosistema). A resultas de ello, los pterosaurios del Cretácico se vieron obligados a convertirse en auténticos especialistas con el fin de sobrevivir. Esto dio lugar a todo un surtido de animales que parecen sacados de un libro de fantasía o de ciencia ficción más que del registro fósil. 

 Un ejemplo de especialización es convertirse en un filtrador. Recordemos al enorme cocodrilo filtrador de unos párrafos más arriba. La idea es sencilla: disponer de una mandíbula grande provista de una míriada de barbas o pequeñísimos dientes con los cuales cribar las aguas de un lago o mar en busca de diminutos crustáceos, alevines o incluso plancton. Con un método de alimentación tan exclusivo es muy difícil tener competencia. Y tal fue lo que hacía el Pterodaustro, el primero de nuestros pterosaurios especialistas.    


Pterodaustro. Vivió en Sudamérica y medía alrededor de 1,3 metros. En la mandíbula inferior disponía de un cepillo de hasta 500 cerdas largas y elásticas que encajaban perfectamente con la mandíbula superior, que a su vez contaba con una batería de dientes romos que peinaban la comida desde las cerdas hasta dentro de la boca. Los pies eran grandes al contrario que en otros pterosaurios, lo cual indica que pasaba bastante tiempo posado sobre tierra o aguas poco profundas. Se ha sugerido que su pelaje era rosado debido al pigmento de los crustáceos que comía, igual que ocurre hoy en día con las plumas de los flamencos. 



  Hubo otros pterosaurios que si bien no filtraban el agua sí desarrollaron otros picos igualmente sorprendentes, algunos con forma de espátula, otros dotados de dientes finos y largos como clavos proyectados hacia delante, todos ellos con la finalidad de alimentarse de algo muy concreto, ya se tratase de peces, crustáceos, o lo que fuera. No obstante la alimentación solo es un modo de especializarse, hay otras fórmulas, como hacerse enorme, gigante, más grande de lo que un ave podrá llegar a ser nunca. 


  Empezamos con Tapejara. En comparación con los monstruos voladores que estamos a punto de conocer, tiene un tamaño modesto de "solo" cinco metros de envergadura alar. Pero no es por eso por lo que voy a citarlo en este blog, sino por su cresta, su sorprendente y enigmática cresta, más grande que su cabeza y que... ¿para qué servía?

Un ejemplar de Tapejara se lanza desde un acantilado. Su pico curiosamente corto apunta a que tal vez no se dedicase a cazar sino que se alimentase de fruta o incluso carroña. Esta sorprendente criatura se descubrió en Brasil.


 La primera versión que se manejó fue la de pensar que la cresta cumplía con una función aerodinámica de cara a mantener el rumbo del animal, sin embargo como cualquier ingeniero aeronáutico sabrá (yo no soy ingeniero, pero me creo lo que dicen quienes sí lo son) un timón de ese tamaño y en esa posición absorbería muchas turbulencias, tantas que terminaría quebrando el cuello del animal en cuanto a este se le ocurriera girarlo volando a una cierta velocidad. Puede que el cuello de Tapejara contara con un refuerzo especial, de todos modos se sabe que la espectacular cresta estaba regada de muchos vasos sanguíneos, con lo cual es posible que pudiera cambiar de color y servir como reclamo sexual o intimidación frente a machos rivales. O quizá combinara todas estas funciones. Sea como fuere, la respuesta seguimos sin conocerla y tal vez nunca la sepamos.

 Más pequeño que Tapejara (con tres metros de embergadura), Nyctosaurus llevó su cresta hasta el límite de lo imposible. Tanto es así que dicha cresta medía lo mismo que su envergadura alar.


Nyctosaurus. Versión conservadora, sin vela. Parece una antena voladora.  Fuente: http://julio-lacerda.deviantart.com/journal/?offset=21


 Esto es tan raro que aún no se sabe muy bien como afrontar este enigma, más allá del socorrido argumento de la exhibición sexual (que vale tanto para un roto como para un descosido). Algunos atrevidos especialistas han sugerido que las dos largas ramas de la cresta de este pterosaurio irían unidas por una vela, que de hecho sería casi tan extensa como el animal, funcionando como una especie de vela de windsurf. Los detractores de esa teoría simplemente comentan que algo así es una insensata apología de lo bizarro y que estructuralmente sería cualquier caso menos viable. A mi personalmente las "astas-antenas" me parecen ya tan insólitas que ya de perdidos al río y ¿porqué no una vela de windsurf? Claro que no soy biólogo ni paleontólogo, así que no tomen en cuenta mi opinión.


Nyctosaurus, "versión windsurf".
Fuente: http://paleofreak.deviantart.com/art/Nyctosaurus-18868753


Ahora sí, ¡vayamos a por los gigantes! Pteranodon es el más famoso de todos, aunque su cresta alargada hacia atrás ya no nos parece tan espectacular después de lo que hemos visto. Con todo su especie más grande, P. sternbergi, medía 9 metros de envergadura alar. Si lo viéramos volar, nos parecería que estamos contemplando un planeador moderno.


Pteranodon longiceps lanzándose desde un acantilado.
Tenía 6 metros de envergadura alar. Fuente.
 

 
Pteranodon sternbergi, su cresta es algo distinta a la del otro miembro de su género. Tenía 9 metros de envergadura alar.
Fuente. 
   

 Sus huesos eran huecos con el fin de aligerar peso y las vértebras estaban fusionadas con las costillas para formar un sólido soporte para los músculos de vuelo, de todos modos debido a su tamaño es probable que este pterosaurio planeara más que aletear. Quizá se lanzara desde sitios altos, como los modernos ala deltas. Su pico alargado y sin dientes podía corresponderse perfectamente con una dieta piscívora. Estas criaturas volaron sobre los cielos del oeste norteamericano y las islas de Japón durante al menos cuatro millones de años, hacia el final del Cretácico (aunque no llegaron hasta el mismo final).

 Por último, no podemos dejar a los pterosaurios sin conocer al auténtico rey del cielo del Cretácico. Quetzalcoatlus recibe su nombre de "Quetzalcóatl", el dios-serpiente emplumada de la antigua mitología azteca, aunque se lo descubrió en Texas, no en México. Quetzalcoaltlus lo sobrepasa todo. Medía nada menos que 11 metros de envergadura alar. Vale la pena repetirlo para asimilar aquello de lo que estamos hablando: 11 metros desde una punta de sus alas hasta la otra. Es el tamaño de una avioneta, salvo que nuestras avionetas tienen hélices y motor, y Quetzalcoaltlus no. ¿Cómo podía volar un monstruo así? Una pista nos la da su constitución ósea. Tenía un esqueleto tan ligero que no superaba en ningún caso los 200 kilogramos, y puede que incluso los bajara. Aún así es bastante peso. Durante un tiempo se pensó que podría ser un pterosaurio no volador, no obstante recientes estudios han rechazado esta idea; a fin de cuentas la desproporcionada envergadura de alas de Quetzalcoaltlus sería absurda para un animal no volador, por no hablar de sus huesos ahuecados y aligerados casi al límite. Además, mediante simulaciones biomecánicas realizadas por ordenador, se ha demostrado que este pterosaurio podía llegar a alcanzar velocidades de vuelo de hasta 130 km/h, con un techo de unos 4.500 metros de altura, pudiendo realizar largos trayectos durante varios días consecutivos (véase nota 3). Parece ser que lograría despegar mediante un fuerte aleteo, probablemente valiéndose de una poderosa musculatura así como de previamente haber subido a un sitio alto. Luego el animal planearía, sirviéndose de las corrientes de aire caliente como nuestros actuales planeadores. Quetzalcoaltlus, al igual que Pteranodon, tenía un pico alargado y sin dientes, aunque en este caso especialmente largo y afilado, casi como si fuese una afinada pieza de aerodinámica. Se ha sugerido que Quetzalcoaltlus fuese carroñero, volando grandes distancias hasta localizar un gran cadáver del cual se apoderaría sin problemas gracias a su tamaño. Bonita teoría, si no fuera porque su enorme pico no parece demasiado óptimo como para hurgar entre la carroña. Otra opción es que hiciera vuelos rasantes sobre el agua, tratando de pescar peces. Aquí la pega es que la fuerza de arrastre del agua no parece ser compatible con un vuelo eficiente para un pterosaurio tan grande, por no hablar de que los restos de esta criatura se han encontrado muy lejos de los mares y lagos de la época. ¿Que nos deja eso? Pues la conclusión final conjetura que Quetzalcoaltlus tenía un estilo de vida (y también un pico) similar a las actuales cigüeñas, cazando animales más pequeños que él sin importar donde estos intentasen esconderse. Aunque yo sigo pensando que esos seres tampoco desaprovecharían un buen cadáver zampándoselo del modo que fuera; un cuerpo tan grande y activo debía de demandar mucha comida.
  


Quetzalcoatlus. Fuente: http://www.deviantart.com/tag/quetzalcoatlus


Quetzalcoatlus busca restos de animales calcinados tras un incendio. La estructura de sus patas le permitía desplazarse cómodamente en una postura cuadrúpeda. Fuente: http://www.deviantart.com/art/Brushfire-183871380


Comparativa de tamaños. Quetzalcoatlus northropi es la especie más conocida, la otra, más pequeña, aún no tiene nombre. Fuente.


  Gracias al tesón y a la minuciosa investigación de los paleontólogos, hoy sabemos algunas cosas más sobre los pterosaurios. Por ejemplo se han descubierto sus huellas de cuando se desplazaban por tierra. Avanzaban a cuatro patas, plegando las alas y soportando el peso principalmente con sus "manos", cuyas huellas quedaban muy cerca de las de sus pies al andar. Un rastro especialmente detallado hallado en Francia muestra que realizaban una precisa maniobra al aterrizar: tras ralentizar su vuelo para perder velocidad cerca del suelo y dejar caer suavemente sus pies, arrastraban un momento los dedos de los mismos, daban un corto salto y bajaban sus patas anteriores para andar en una postura cuadrúpeda. 




   Rastro de pisadas de un pterosaurio anónimo.
  Clave: LM: left manus (mano derecha); RM: right manus (mano derecha); LP: left pes (pie izquierdo); y RP: right pes (pie derecho).
Fuente: http://rspb.royalsocietypublishing.org/content/276/1674/3881


 También se realizó el increíble descubrimiento del huevo de un pterosaurio, tan intacto que al abrirlo pudo hallarse el embrión en su interior, con sus alas primorosamente dobladas. No se trataba de un huevo duro, como el de los dinosaurios y las aves, sino de uno blando, al estilo del de un lagarto o una tortuga. Los huesos alares ya aparecían solidificados, lo que muestra que al igual que en el caso de los reptiles modernos, las crías debían de apañárselas por si mismas nada más nacer, pudiendo incluso volar apenas venidas al mundo. 

Huevo con embrión de pterosaurio en su interior. Fuente.


 Para terminar con este capítulo, regresamos a la tierra y vamos a dejarnos ya de tanto reptil extraño. Y es que no podemos despedirnos del Cretácico sin hacerle una breve visita de cortesía a nuestros ancestros mamíferos, que vivían como podían a la sombra de tanto monstruo.  No hubo un único grupo, sino al menos tres (para aclaración a este respecto véase nota 4):


  •  Triconodonta: "Dientes con tres cúspides". Uno de sus miembros nos rompe los esquemas de lo que pensábamos que eran los mamíferos de la época de los dinosaurios, seres pequeños y escurridizos de hábitos nocturnos y que huían a toda carrera de los dinosaurios. Pues no, al menos no todos. Repenomamus era grande como un tejón (medio metro de largo) y uno de los fósiles descubiertos mostraba en su estómago los restos de su última comida: un pequeño Psittacosaurus (véase el capítulo anterior para saber más de este dinosaurio). Así que sí, había mamíferos que cazaban dinosaurios, eso sí, dinosaurios pequeños, todo hay que decirlo



Repenomamus. Fuente


  •  Allotheria: Su nombre significa "otras bestias". Los aloterios son de hecho los mamíferos más antiguos conocidos, aunque no son nuestros antepasados, sino que, al igual que Triconodonta, se trata una rama lateral que terminó desapareciendo. También se les conoce como multituberculados, debido a sus dientes con múltiples crestas (véase nota 5). Cimexomys fue uno de los miembros de Allotheria. Era una criatura pequeña, de no más de 30 centímetros, y se han encontrado sus restos cerca de nidos del dinosaurio carnívoro Troodon, lo cual indica que bien pudo alimentarse de sus huevos.



CimexomysFuente


  •  Holotheria: El nombre significa literalmente "mamíferos verdaderos". Estos sí que son nuestros antepasados reales. Holotheria se divide entre Marsupialia (los marsupiales, que hoy sobreviven principalmente en Australia) y Eutheria (los mamíferos placentarios, es decir, nosotros y casi todos los mamíferos actuales). Entre las filas de Holotheria estaba la clave de nuestro futuro, como veremos en posteriores capítulos.


 
Sinodelphys, el marsupial más antiguo descubierto hasta ahora. Se asemejaba a una zarigüeya moderna, aunque con solo 15 centímetros de largo, era muy pequeño. Fuente.



Ukhaatherium. A pesar de su extraño nombre (que proviene de la impronunciable localidad de Mongolia en la cual se le descubrió), como mamífero placentario que era se trata de uno de nuestros antepasados directos. Medía 25 centímetros y sus pequeños y afilados dientes indican que probablemente se alimentaba de insectos. Fuente


 Los restos de Ukhaatherium están extraordinariamente bien conservados. No es frecuente encontrar fósiles completos de mamíferos tan antiguos. Fuente


  Los mamíferos estaban listos para tomar el poder. Al final del periodo Cretácico estaba a punto de producirse una catástrofe a escala planetaria. Aquello supondría el fin para la mayoría de los animales de la época, más para los mamíferos sería tan solo el principio de su tan esperada revancha.


* Ignoro cuando se leerá esto, pero escribo en medio del abrasador calor de julio en Madrid.

*Recuérdense los legendarios dibujos animados del Inspector Gadget. Hago un guiño especial a los lectores de mi generación (el 85).


Notas:

     
 Nota 0: Recientemente he leído una teoría que defiende que en el Jurásico también hubo plesiosaurios de cuello largo y otros de cuello corto, sin embargo solo los últimos sobrevivieron hasta el Cretácico, cuando otra generación totalmente nueva de plesiosaurios volvió a desarrollar cuellos largos a partir de los supervivientes de cuello corto. Los indicios que se han presentado para defender esta tesis son demasiado técnicos como para exponerlos aquí, sobretodo tienen que ver con detalles muy concretos de la anatomía de los huesos de estos reptiles, pero en caso de ser cierta no dejaría de ser sorprendente tal ejemplo de convergencia evolutiva: el mismo diseño aparecido dos veces consecutivas en el mismo linaje de animales. Además, de ser cierto obligaría a cambiar el actual sistema de clasificación de estos reptiles.


 Nota 1: Durante mucho tiempo se pensó que los cocodrilos habían sido desde el principio animales acuáticos, por eso cuando empezó a investigarse el origen del grupo sorprendió descubrir a animales bastante adaptados a la vida terrestres, cuyas extremidades se situaban justo debajo del cuerpo para lograr una locomoción más eficaz sobre la tierra. A la vista de estos hallazgos, hemos podido ver a los cocodrilos con otra luz. Todavía hoy en día, cuando contemplamos a un cocodrilo correr fuera del agua lo vemos enderezar sus patas como si la postura erecta fuese connatural a él, un rastro atávico de sus antepasados terrestres. Para más información véase el capítulo XXI, que habla sobre los cocodrilos primitivos en su apartado acerca de los arcosaurios).


 Nota 2: Los dragones de Komodo viven en algunas islas de Indonesia central. Pueden llegar a alcanzar 3 metros de largo y a pesar 70 kilogramos. Su saliva es ponzoñosa y pueden comerse presas mayores que ellos, arrancando grandes trozos de carne con sus aserrados dientes y sujetándolas con sus patas, aunque en el caso de víctimas más pequeñas no tienen inconveniente en tragárselas enteras. Se les ha visto cazando a ciervos en grupo, tampoco descartan canibalizar a sus retoños cuando el hambre aprieta. Los dragones de Komodo son uno de los pocos reptiles capaces de reproducirse por partenogénesis, es decir, una hembra puede poner huevos viables sin haber tenido contacto alguno con un macho, al modo de la Virgen María. Para entender las carambolas cromosómicas necesarias para que algo así funcione recomiendo leer la sección dedicada a la partenogénesis en el artículo de Wikipedia sobre estos asombrosos animales.





Dragón de Komodo. Fuente.




  Nota 3: Para una referencia y una información más completa sígase este enlace:




  Nota 4: En realidad, al referirme a tres grupos, solo hablaba de los mamíferos vivíparos, es decir, que paren vivas a sus crías. Por otro lado tenemos a los mamíferos ovíparos, los monotremas, que ponen huevos y que también existían en el Cretácico, aunque su origen es misterioso. Tal es el caso del ornitorrinco. Los monotremas son los mamíferos más próximos a los reptiles que aún sobreviven, algunos como el ornitorrinco incluso son venenosos.


Steropodon, un monotrema, ancestro de hecho del ornitorrinco, y que vivió en el Cretácico. Fuente: http://critters.pixel-shack.com/GalleryS.htm

Ornitorrinco.


Nota 5: Las definiciones de los mamíferos primigenios suelen hacer tanto hincapié en la forma de los dientes porque estos son en la mayoría de los casos lo único que hallamos de ellos. Esqueletos completos como el del Ukhaatherium que se aporta en este blog son muy excepcionales.







Bibliografía: 



Enciclopedia Ilustrada de los Dinosaurios y otros Animales Prehistóricos. Dougal Dixon, Ediciones Omega.




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